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3.14.2007

El día que conocí el lado oscuro de la luna...

Luego de que Albert Hofmann lograra, por accidente, llegar a un estado de conciencia nuevo e inexplorado, las artes, sobre todo la música, se volcaron hacia una nueva estética: introspectiva y de resultados complicados para los sentidos.

La historia de las artes del siglo XX (sino es que toda la Historia) puede dividirse en antes y después del LSD.

Aunque la música siempre ha tenido una relación muy íntima con las drogas, el LSD ha sido su amante predilecto. Surgieron los géneros más plásticos jamás imaginados por los puristas del sinfonismo. Germinó una nueva música, instrospectiva, dedicada completamente a la nueva categoría de viaje: el interior, llamado así porque la nave ideal no es siquiera el cuerpo, sino la química que resulta de la interacción corporal con sustancias concebidas para ampliar los horizontes y umbrales de la percepción.

Así las notas se convirtieron en agravantes de esa exploración química alucinante. La música se convirtió en motivo y sustancia para la experimentación en otros terrenos artísticos. La música y la experiencia tecnológica del estéreo se volvieron por una época inspiración per se de artistas en todas las disciplinas.

La música se volvió de colores, y más que formar parte, provocaba y producía los viajes más vertiginosos, los más reales, los más profundos.

Hay un orquestador. Un líder, un guía en toda la expresión de la palabra. Él ha logrado confeccionar y rediseñar el viaje. En un ejercicio de impecable aplicación de las nuevas tecnologías audiovisuales, ha logrado crear las más aguzadas alucinaciones y experiencias extra-sensoriales… y sin necesidad alguna de utilizar sustancias prohibidas: no fue preciso el psicotrópico de Hoffman.

Roger Waters, artífice, mente única, creador erudito de alucinaciones: un radio antiguo, gigantesco, una botella de whisky, un vaso y Chuck Berry de las bocinas. Una escena casual: la botella de algún patrocinador y la música para pasar el rato. Las luces se apagan y suena Roll Over Beethoven. Se ilumina el escenario y su escenografía. Una mano gigantesca aparece para girar el dial del radio en busca de otra estación… Check Berry se desvanece y se escucha la estática de un radio mal sintonizado. Suena más rock n’blues y la mano aparece para llevarse el vaso. El vaso regresa vacío y entonces toma la botella para rellenarlo. La escena burlaba los sentidos: ¿oye, está en dos o tres dimensiones? Ahora estábamos, los cerca de cincuenta mil asistentes, atrapados, hipnotizados… elevados.

Martillos marchando, recorridos por la galaxia… ¿Alguna vez han volado a través de una nebulosa? Un cerdo gigante y la consigna, el grito de una generación revolucionaria que hace link (que no vínculo) con los más jóvenes: Cerdo Bush tira el muro de la frontera… Risas más allá del estéreo (esas de Syd Barret al encontrar problemas en la sinapsis), helicópteros y cincuenta mil personas de pie, ovacionando al director de esa alucinación: Rogelio.

El momento paroxístico de la noche perfecta. La tecnología láser llevada a terrenos del arte: un prisma recibía por uno de sus lados luz blanca para descomponerla en los siete colores primarios… una escena impresionante, idéntica a la portada del disco interpretado, de pe a pa, The Dark Side of the Moon. Luego el prisma gigantesco giraba ofreciendo el rayo de luz blanca a la última fila del Foro… al dar la vuelta el abanico hepticolor, enorme, recorrió y atravesó a todos los asistentes, revelando a todos el secreto, descubriendo nuevos significados al mito del tesoro al final del arcoiris.

Todo marcó la perfección. En la pantalla se mostraba el lado oscuro de la luna y el cielo, raro entre tanta polución, nos regalaba la redonda brillantez de la luna y el único lado que le conocemos. Estrellas en el cielo y en la pantalla alargadas a la velocidad de la luz, mutadas en listones de colores recorriendo la inmensidad de la galaxia.

Así pues, el coro de miles de mexicanos interpretó majestuosos temas de los cuales jamás olvidaré Mother, Shine on you crazy diamond, Wish you were here, Sheep, el Dark side of the moon completito, Another brick in the wall, y el final, paroxístico, increíble: Comfortably Numb.

Así pues, esa noche descubrí que el lado oscuro de la luna es más brillante que el que conocemos. Aquellos que lo han visitado no me dejarán mentir.


2.27.2007

Medeski, Martin & Wood: El escenario

A veces los escenarios se convierten en museos. Lugares, paredes, espacios donde cada pieza debe ser colocada con exactitud para lograr los efectos y sentidos que la galería, la exposición intencione. En ocasiones los curadores prefieren la luz, otras veces optan por el discurso directo y muchas otras por la meticulosa retórica de la imagen. En todo caso, en todos, la galería trata de innovar y llevar la obra más allá del mero y simple discurso artístico onanista. Es en la galería donde la obra adquiere su verdadero valor: es ahí donde se exhibe, se muestra, donde ciertamente nace.

Y realmente, los escenarios, esos lugares misteriosos donde por momentos los mortales son endiosados, cuando son tomados por la gente correcta se convierten en museos, en galerías, en fastuosos lugares de contemplación. Equivocadamente (gracias a pelafustanes que se dicen artistas) se cree que los escenarios son lugares de reproducción. Gran error. Son el lugar ingobernable de la creación musical. Es en ellos donde los grandes crean, inmortalizan los efímeros momentos de su obra construida en el momento, creada del silencio y el dominio absoluto de los instrumentos y sus notas.

John Medeski, Billy Martin y Chris Wood o Medeski, Martin & Wood. Incuestionables creadores, el viernes 23 de febrero convirtieron el Teatro de la Ciudad en un escaparate de arte, colores y texturas. Monumentos dedicados a la imaginación y al buen gusto fueron elaborados y colocados majestuosamente uno tras otro. El trío ejecutó las artes de la museografía en su concierto. Iniciaron llevando la música a los únicos límites válidos para los genios: esos de la fantasía, del límite sin límite. Una larga experimentación sobre ondas que fluctuaban sobre una cama de ruidos metálicos, un músico en el piso, como jugando golpeando metales y otro girando perillas y presionando botones mientras el último atacaba las cuerdas de su bajo ya sea con los dedos veloces, ya sea con el arco quejumbroso.

El concierto inició con el paroxismo de la experimentación, la improvisación, esos experimentos que sólo pueden hacerse en los escenarios porque el espacio en los cd’s es muy pequeño y voluble. Esas estructuras que sólo pueden disfrutarse en vivo, mientras se observa al músico concentrado tras su artilugio, inmerso, ensimismado. En relación absolutamente íntima con su instrumento y su pentagrama imaginario mientras nosotros jugamos el papel de voyeuristas, intrusos, parásitos en un proceso simbiótico de resultados prodigiosos e íntegramente alucinantes.

Siguieron con las notas ácidas, coloridas, psicodélicas de la música que sólo ellos saben hacer, incatalogable que a ratos sabe a electrónica (aunque no samplean ni utilizan loop alguno), a progresivo, a rock, funk… a jazz, a libertad. Un viaje, un ácido en do, en fa, en me, en ma y en wo.

Terminaron rompiendo los esquemas del escenario. Regresando toda esa experimentación, electrónica y electricidad al piso (bajando), cerrando el ciclo que deseaban para su galería… terminaron tocando sin amplificación, trasladando la música a los terrenos de la honestidad: única categoría válida para los verdaderos genios.

Del otro lado las butacas parecían moverse a través de un túnel de colores que se desvanecían en un efecto a la velocidad de la luz. La mayoría del público se dejó llevar por esa sustancia alucinógena que es la música marcada por las siglas MMW. Nos dejamos vencer por las cadencias, las estructuras que tomaban forma de toboganes y albercas de luz.

No estoy exagerando, de verdad, fue alucinante.

2.20.2007

Ayer fui a un concierto... Penguin Bop / Eduardo Piastro

Jueves de jazz en el 7ºpiso (deefe)
Penguin Bop (8 febrero)
Eduardo Piastro (15 febrero)


Qué triste que los lugares para las verdaderas alternativas musicales se expandan como sarampión en la gran ciudad, y la gente se aleje temiendo ser contagiada de algo que no es más dañino que el ritmo y la música bien ejecutada.

Qué triste que el 7ºpiso luzca vacío (en las dos ocasiones menos de 20 personas) y en el escenario los músicos den muestras de sus dotes profesionales: de la misma manera tocan ante 17 personas que ante las audiencias (tampoco tan masivas, pero mayores, mucho mayores) de los festivales de jazz de la Escuela Superior de Música, por ejemplo.

El jueves 8 de febrero un interesante proyecto de jazz vocal, una bella jovencita que de verdad sabe hacer scat, probó de algún modo que lo tradicional también puede sonar fresco y moderno. Divertidos como pingüinos a la hora de sus solos, Emilia gesticula y te atrapa con su voz que no corresponde a su físico, aunque ambos están en el catálogo de hermosos.

El siguiente jueves (15), no fue un buen día. Muchos contratiempos encuentros furiosos de energías contrarias, botellas de vino rotas, un choque discreto y el reloj que avanzaba sin piedad nos hizo llegar tarde, muy tarde al concierto del maestro Eduardo Piastro.

Aún así, Eduardo muy amablemente se acercó, platicó con nosotros un rato y me regaló un disco, “para desquitar el viaje”...






Eduardo Piastro

-Doce tonos de azul

Urtext, 2004






El título no podría venir mejor a tan pulcra producción de Eduardo Piastro. Nueve composiciones que no hacen más que recordarnos la belleza del azul: luz tenue que lo mismo alegra el paisaje oceánico, lo mismo abona tristeza cuando alcanza ese casi morado de los días lluviosos.

En esta aventura Piastro se hace acompañar de Nicolás Santella al piano, el multifacético Aarón Cruz en el contrabajo, Hernan Hecht a la batería y el quinteto se completa con Dave McMurdo y su trombón.

El toque delicado de Piastro logra un ensamblaje perfecto con el resto de los músicos, que por un momento se alejan de las escalas estrepitosas para crear un verdadero cuadro pintado de azul, con sus variantes tristes-alegres y su única constante: la elegancia.

La composición que da nombre al disco, obra de Eduardo Piastro, es un lento, cadencioso recorrido, un paseo sin prisa por el jazz puro, honesto y muy bien detallado. El piano de Santella salta de un tiempo a otro sin alejarse jamás de la intención de la composición: extraer de cada nota el mayor espectro de luz posible, obligarnos a la sinestesia, a imaginar colores y texturas.

El quinteto se da tiempo para la contemplación, para el ir y venir sobre una figura y las transiciones lentas de un solista a otro.

Un gran producción, dirigida artísticamente por el canadiense Dave McMurdo y producida por el mismo Piastro, resulta un verdadero ejercicio artístico/musical.

Un excelente disco para escucharse una fría noche (despejada, con el cielo en ese azul negruzco que se parece mucho al negro pero es azul en los bordes de la luna) con un whisky en las rocas… o un día caluroso, a la orilla del mar (que lleva en sí todos los tonos del azul)… con un whisky en las rocas…

Disfruten el jazz nacional.

2.04.2007

Ayer fui a un concierto... Eugenio Toussaint Trio

Eugenio Toussaint Trio

Jueves 1 de febrero 2007. 7ºpiso. D.F.

Eugenio Toussaint / 7º Piso

Jueves 1º de febrero 2007

Es la segunda vez que escucho en vivo a Eugenio con los impresionantes músicos que complementan su trio: el maestro Agustín Bernal al contrabajo y el joven Gabriel Puentes a la batería. Su propuesta es realmente interesante, un trabajo que merece todo el apoyo de las instituciones culturales del país y más.

El jueves, Eugenio y compañía fueron los encargados de inaugurar el primer ciclo de jazz del 7ºpiso, un lugar elevado en el centro de la capital del país y que amplía su oferta en vivo explorando las veredas de la escena jazzística nacional.

Como siempre, Eugenio ofreció su muy particular técnica de improvisación, esa que le valió varios reconocimientos con su proyecto familiar Sacbé, y sus acompañantes saben que hay un límite protagónico cuando en el banquillo se encuentra el señor Toussaint.

Un setlist sobrio, con los clásicos experimentos de Eugenio y a ratos la libertad absoluta en conversaciones bastante interesantes y bien logradas. El lugar realmente no se presta para la meticulosidad musical, la esencia concertística presente en muchas composiciones de Toussaint, pues es amplio, y las notas de repente se pierden entre el eterno murmullo de la ciudad y los ruidos de esos indoctos que siguen creyendo que el jazz es la música de fondo perfecta para cualquier conversación…

El pianista mexicano agradeció, casi al mismo tiempo que todos los amantes del jazz, que los dueños de bares y escenarios llamados alternativos den oportunidad al jazz nacional de multiplicar sus ventanas al público. Así no sólo contribuyen a su difusión, también provocan interés en aquellos habituados a esos lugares por el rock u otros géneros.

El jazz mexicano es un punto de encuentro generacional. El jazz mexicano rebosa de figuras musicales endémicas y fusiones que enfrentan la disciplina del jazz estricto y la diversión de los nuevos híbridos eléctricomerciales. Entonces en un mismo ciclo de conciertos (el caso del aquí referido) podemos disfrutar de las estrictas figuras de Eugenio Toussaint, el delicioso jazz vocal del Penguin Bop (8 feb), la fresca guitarra de Eduardo Piastro (15 feb) o el inquietante paraíso que es la música del contrabajista Israel Cupich (22 feb).

Hay buenas razones para darse una vuelta por el Séptimo Piso y obviamente hay que mencionar que el lugar se abre a la síncopa sin las pretensiones de otros bares: no es necesario gastar mucho dinero para pasarla bien. El cover es bastante cómodo (50 pesos) e incluye una cerveza y la carta es, de verdad, muy barata (más si la comparamos con los tradicionales lugares dedicados al jazz).

Así que, si no tienen otra cosa importante que hacer los jueves de febrero, el Ciclo de Jazz del 7ºpiso es la opción para apoyar la creación espontánea que es el jazz mexicano… esperemos pues que los recintos se multipliquen y que los responsables de la administración cultural procuren expandir la mancha a la provincia.

(La semana que entra les cuento qué pasó con el Penguin Bop)

en El Rincón ahora suena: Sarcacid pt 1 del aventurado Tom Jenkinson, cerebro y máquina, alter ego de Squarepusher. Incluída en la recopilación Burnin'n Tree del 97. Si lo suyo es el recorrido jazzero por el sendero de la electrónica, aquí encontrarán un tremendo solo de bajo, muchos cambios de ritmos y un uso vertiginoso de las cajas de ritmos, loops y demás. Obviamente no esperen beats para bailar artísticamente... Esto es elegancia, ja ja.

12.31.2006

sweet o'six on my mind...

Para qué nos hacemos los místicos o los entendidos con estructuras superiores de poder cósmico: nada cambiará después de las 23:59:59 de hoy.

Nuestra tristeza seguirá: nuestra felicidad también.

Pero es bonito aprovechar el lapso cósmico (que no es exacto, cabe mencionar) para desearle a todos lo que se merecen: a unos felicidad, a otros… olvido.

2006: jamás te olvidaré.

Fue un gran año. Quiero presumir la lista oficial de conciertos a los que asistí (con algunas fiestas nostálgicas incluidas), esperando que las vibras de mis letras provoquen más actividad musical para el 2007.

Enero:

Viernes 27. Qué mejor manera de iniciar el año, después de muchos años de esperara, casi lloro cuando crucé dos palabras con Tom S. Englund. Evergrey en el Circo Volador.

Febrero:

Viernes 3. Primera fila, vino gratis, excelente compañía y en el escenario del Teatro de la Ciudad (en Donceles) Mattias IA Eklhund, Zöltan Czörz y el impresionante Jonas Hellborg: Metal Art Trio. Luego el escenario lo tomarían Béla Fleck & the Flecktones. Concierto con afterparty incluída: genial plática al calor del tinto con Roy Wooten: Quetzalcoatl rules dude!

Sábado 4. Ya de más lejos (cortesías de Xavier Quirarte), el mexicano Agustín Bernal y su trío. Luego, de nuevo los Flecktones.

Domingo 5. En el mismo recinto: una impresionante sesión de improvisación con (entre otros que mi memoria de pez dorado me impide recordar): Zöltan Czörz, batería; Eugenio Toussaint y Héctor Infanzón, piano; Agustín Bernal, Aarón Cruz y Jonas Hellborg, bajos eléctricos y acústicos… una alineación de lujo, donde el protagonismo de Eugenio no dejó que luciera lo que tenía que sonar: los bajos. Luego de la sesión, al escenario el legendario Trey Gunn y su proyecto Quodia. Tres días seguidos, de lujo.

Viernes 24. En el Palacio de los Deportes, la fiesta y el humo con Manú Chao.

Marzo:

Viernes 3. Pastilla en La Gruta. Chistoso.

Sábado 4. El Instituto Mexicano del Sonido en el Red Club. Salieron muy tarde: estaba borracho.

Sábado 11. En la Plaza de Artes del CENART, el turco Yil Ozpay acompañado de los Guadaloop.

Domingo 12. Desde España, flamenco, jazz y un chelista virtuoso: Jerez Texas. Mi papá acompañándome, inolvidable.

Miércoles 15. de sorpresa cayeron a La Gruta los 3mother funkers para hacer bailar a menos de 30 personas.

Viernes 17. Los Twin Tones en La Vuelta.

Domingo 19. de lo mejor del año, la sorpresa mágica de la Sayag Jazz Machine en el Blas Galindo del CENART. Al salir, en la Plaza de Artes, el belga Manu Hermia, su aliento y su flauta.

Domingo 26. el insufrible concierto de Manú Chao en el Zócalo.

Lunes 27. nada más que decir: mi amigo Chick Corea en el Palacio de Bellas Artes. Sin palabras.

Jueves 30. bonito clima, una película nueva (Fando & Lis) y los Aterciopelados cantando en el Zócalo.

Abril:

Sábado 1. ritmos cósmicosensuales: por primera vez luego de muchos años, la música del maestro Juan García Esquivel en vivo con la Waitiki Orchestrotica en el Teatro de la Ciudad.

Martes 4- Domingo 9. Merecidísimas vacaciones en Mazatlán. Excelente borrachero en el antiguo Mazatlán, por favor, regrésenme al Cielo.

Semana Santa: sobrio retiro y extensas caminatas por Morelos, vía Tepoztlán-El Rodeo-Xochicalco-Cuernavaca.

Mayo:

Martes 9. Desde Suecia, ante un Circo Volador atascado de metaleros: Arch Enemy!

Lunes 29. Festival de Jazz de México en el Auditorio Nacional: Bebel Gilberto, Joshua Redma y McCoy Tyner, 4 horas sincopadas.

Junio:

snif snif, ni siquiera mi cumpleaños festejé...

Julio:

Martes 4- Viernes 8. Luego de un impresionante cotorreo con banda de la estación con la que jamás pensé echar fiesta, abrí los ojos para descubrir que me encontraba en un despoblado a las afueras de Cuernavaca. Acapulco me esperaba con sus sueños blancos.

Lunes 10: adiós Espinosito.

Sábado 29. Los XV de mi prima y el Grupo Latino en la fiesta, juar juar.

Agosto:

Jueves 3. Guadaloop (llegamos tarde gracias al mapa mal leído de Barragán) y Eugenio Toussaint en el Parque Loreto y Peña Pobre.

Viernes 4. Las Ultrasónicas en La Gruta. Horrible after incluído y una horrenda estampita en la defensa de mi coche.

Viernes 11. Gracias a un servidor: Guadaloop en la Gruta.

Septiembre:

Viernes 1. Babasónicos y muchas cervezas en Salón la Perla de esta bella ciudad de los vientos.

Sábado 2. Cruda horrible y Legion of Hetheria en La Gruta.

Sábado 23. Slayer en el Salón 21.

Lunes 25- Viernes 26: pláticas bastante constructivas con Patricio Guzmán en el Claustro de Sor Juana.

Jueves 28. De nuevo, y de güeva, los 3mother funkers en el FreeBar.

Viernes 29. b4 en el Ché Taco.

Octubre:

Lunes 2. Lluvia, helicópteros y el puño arriba...

Sábado 14. ¡Dios! Arjen Anthony Lucassen y Stream of Passion. Anathema. ¿Acaso diosito estaba de buenas en el Circo Volador?

Jueves 19- Viernes 20: Cátedra Alain Tourraine en la Ibero (vees) en Puebla. Buen rock en el Pulque para dos.

Viernes 27. Sr. Mandril en La Esquina. Despedida de Mayra…

Noviembre:

Jueves 2. Viernes 3. Lila Downs en el Zócalo poblano, ricas cervezas en los Sapos y mala copa en el Hotel Catedral.

Sábado 4. La pura nostalgia funky: George Duke y Stanley Clark en el Teatro de la Ciudad.

Martes 7. Fotito de graduación. Chelas en Clamatolandia. Primeras impresiones.

Miércoles 8. Último pase de lista y fiesta en el Perro Salado. Primer mensaje alucinatorio.

Jueves 9. La última y nos vamos: fiesta en el Paradise. Primer contacto.

Jueves 16. increíble pero cierto: Trail of Tears en La Gruta.

Viernes 17-Lunes 20: puente metalero. Monterrey Metal Fest III. 14 horas de headbanging y excelente hospedaje en el Four Seassons Huinalá, gracias al Manowar.

Viernes 24. Me convertí en pasante. La Banda en concierto en El Primo.

Diciembre:

Jueves 7- Domingo 10: La realidad vuelta sueño en Puerto Vallarta.

Sábado 16. Cena de Graduación, baile incluido.

Se me olvidan otros. Eventos varios que no necesariamente fueron de baja calidad. Excelentes fiestas, grandes amigos, y mucha adrenalina… Esto es vida, ¿que no?

El 2007 pinta bien, muy bien…

Besos y mis mejores deseos para todos. Nadie merece el olvido, recuérden que el adiós mata.





j.AlfonsoValencia B.
31 de diciembre 2006

11.23.2006

Ayer fui a un concierto... Monterrey Metal Fest III

Ni siquiera había asimilado que estaba a más de ochocientos kilómetros de mi casa. Estaba frente al mismísimo Steve DiGiorgio, impactado hasta la inconciencia con su brutal técnica al fretless bass. Sadus estaba devastando el escenario principal (patéticamente llamado Rock-Metal Stage, gracias a la revista de Rafa Basa que patrocinó el evento) y realmente, muy pocos asistentes sabían el calibre del cañón frente al que estaban. Sadus inició las actividades en el escenario principal, luego de que muchos viviéramos el tormento del escenario alterno: bandas sin propuesta (por desgracia para la escena nacional) y un ingeniero de sonido grosero con nuestro oído interno. El único acto fastuoso del segundo escenario fue el de El Maestro Joe Stump, quien simplemente dejó boquiabiertos a los pocos que presenciamos su impecable técnica neo-clásica en su stratocaster. El momento mágico bajo el sol de Monterrey: de repente, coreábamos Kill the King y el holograma de Ritchie Blackmore parecía superponerse a la imagen de un Joe Stump extasiado.

Joe Stump, su stratocaster, su rock&roll y el sol de Monterrey

Al terminar Stump, Sadus ya estaba echando thrash en el escenario principal. Steve, Darren y Jon se encuentran en su mejor momento como banda y lo demostraron en el escenario. Una ejecución impecable donde la experimentación no faltó. Hubo un momento espectacular en el cual Steve tocaba con la mano derecha el sintetizador, y con la izquierda continuaba el complicado ritmo golpeando las cuerdas contra el diapasón de su bajo. Simplemente impresionante.


Steve DiGiorgio

Luego del cortón que le dieron a Sadus y su demostración de que ni el thrash ni el death han agotado sus recursos, llegó al escenario Leaves’ Eyes. Realmente su propuesta melodramática no me parece de lo mejor. Pero resulta que, en un mundo de greñudos sudorosos, siempre es interesante ver a una mujercita como Liv Kristine en el escenario. Además, la trayectoria del señor Alex Krull (Atrocity) también merece echar un vistazo y poner un poquito de atención, aunque sea de lejos.

Después de descansar un poco, realicé que faltaba lo bueno. (Como si hasta ahora no hubiéramos tenido suficiente con Sadus y Stump.) El odio a la cruz se montó al escenario y Glen Benton y compañía blasfemaron con todo durante sesenta minutos. Éxitos del ayer y hoy: el primer hit de los de florida: Sacrificial Suicide, y el que promete convertirse en el próximo clásico: Death to Jesus, marcaron la actuación de Deicide como una leyenda que aún tiene mucho que gritar. Sus guitarristas Jack Owen (ex Cannibal Corpse) y Ralph Santolla, no les piden nada a los hermanos Hoffman (fundadores de Deicide, quienes la dejaron por diferencias protagónicas). Su sonido compacto dejó el ambiente preparado para un acto que muchos de nosotros esperábamos ya hace bastante tiempo…

Obituary, la leyenda. Si escucharlos por primera vez resulta toda una sorpresa, el verlos actuar en vivo eleva esa sensación a la enésima potencia. Es asombroso que, luego de dieciséis años, John Tardy, el inconfundible vocalista, siga en tan buena forma. Trevor Peres saltó al escenario con una maltrecha stratocaster y una mirada desafiante que hacía juego perfecto con su playera que decía: “No cuestiones la autoridad”. Y eso hicimos: la autoridad de Obituary no se cuestiona, se disfruta.


Glen Benton

Un acto que pensé jamás vería: Obituary. Aquí Trevor Peres y su mirada desafiante

Ya a oscuras, después de cerca de dos horas de death metal, el escenario se vistió (con manta, luces, y toda la cosa), para recibir a una de las bandas más populares (y metrosexuales) del power metal actual. Luego de unos minutos de oscuridad y una rola de alguna banda sinaloense (por extraño que parezca) Tobias Sammet y compañía aparecieron en un escenario preparado especialmente para ellos. Edguy una auténtica show-band. Los músicos bailan, hacen bromas, juegan con la audiencia… divertidos los tipos, pues. Lo único malo es que de setenta minutos que tenían programados, quince se les fueron en hacer jueguitos cuales payasos de fiesta infantil: que si este lado grita más que el otro, que si repiten lo que digo, etc.


En general, Edguy hizo una buena presentación. Algunos clásicos como Babylon no faltaron en su set-list aunque, en lugar de su show interactivo, bien pudieron echarse otro esperado como Fairytale. En fin, Edguy (con todo y que Tobi es todo un rock-star) se entregó en el escenario, y obviamente no faltaron comentarios y bromas acerca de los afeminados movimientos del vocalista.

Hellfire Tobi ofreciendo al público el coro de Babylon

Ya eran las ocho de la noche, estaba devastado luego de diez horas de actividad física extrema (sin contar la desvelada para llegar a tiempo al aeropuerto), cuando una figura lánguida apareció de la nada en el escenario… El rock (a grandes rasgos) como es. Una batería cortesía del señor Brian Dixon, un bajo rickenbacker alucinante de Leo Smee, una guitarra sin pretensiones del maestro Gary Jennings y la voz, sin arreglos, sin adornos, la pura voz y presencia de el jefe Lee Dorrian. Jamás imaginé poder ver alguna vez en vivo, en México, a los amos del doom: Cathedral. Increíble: cuatro músicos sin nada más que su música, como debe de ser. Nada de ostentaciones, sólo ellos y su música. Extraordinario el poder escuchar en vivo rolas como Soul Sacrifice y el clásico Hopkins (The Witchfinder General). No hay palabras, de verdad, para describir un acto tan sublime y honesto.

El Maestro, leyenda viviente, El Señor Lee Dorrian

Tras setenta minutos de puro doom, el escenario volvió mágicamente a los buenos momentos del metal y del rock & roll: sexo, alcohol y puro placer con el señor de señores ¡Udo Dirkschneider! Por primera vez el vocalista alemán, de 54 años, pisó suelo mexicano para provocar la más sincera de las entregas del público. Udo canta como nadie. Ese tono inconfundible parece no cambiar, no acabarse con el tiempo. Recordamos momentos que pensamos jamás viviríamos (sic), cuando el veterano guitarrista Stefan Kaufmann inició las notas de Metal Heart, todo un himno para los amantes del vocalista de una banda básica para entender el metal actual: Accept. Udo y Stefan, en algún momento pertenecieron y dieron forma a la leyenda alemana del metal. Udo nos dejó un excelente sabor de boca y las ganas de seguir en el rock hasta que tengamos su edad.

Señoras y señores: ¡U.D.O.!

Luego del éxtasis y de cantar Fast as a Shark, en el escenario alterno se presentó la banda mexicana más interesante de la noche: Maligno. Excelente que la escena nacional cuenta con bandas como esa, que a pesar de la adversidad hacen bien las cosas.

El final del festival fue El Final. Oscuridad total y de las gigantescas bocinas se dejó escuchar: “The field is lost Everything is lost…para que aparecieran Hansi Kürsch, Marcus Siepen, Andre Olbrich y Frederik Ehmke, y empezaran su participación estelar con Into the Storm. Blind Guardian, en México tras cerca de ocho años de ignorarlo, por fin para los fans de Monterrey y para todos los demás que viajamos con el único fin de pasar un día inolvidable. El guardián ciego simplemente elevó a la audiencia a lugares insospechados del placer musical. Aunque muchos dicen que fueron la gran decepción del festival (lo que mucha expectación causa, acaba mas o menos en pavorosas decepciones), la simple presencia de los alemanes y su entrega (a pesar de la aparente enfermedad de Hansi quien, ciertamente, no estaba al cien por cien de su capacidad vocal), me bastaron para darles las gracias.




Hansi Kürsch

El público se entregó sin preguntas a la propuesta de Blind Guardian: evitar el final de Valhalla cantando el coro y produciendo sonrisas de los Guardianes, fue la máxima demostración de que el grupo alemán nos debía una. Ni hablar de escuchar a los miles de asistentes cantar The Bard’s song, para la cual, como los bardos, sólo se hicieron acompañar de una guitarra acústica. Definitivamente, los alemanes se fueron anonadados y con ganas de regresar (los rumores apuntan al primer semestre del 2007) en mejor estado y con más tiempo sobre el escenario.

Eran cerca de la una de la madrugada cuando sonó el último acorde de Mirror mirror, las luces se encendieron, y el festival terminó.

Yo, devastado. Cansado, con los oídos completamente hinchados de tanto metal, las piernas insensibles y el cuello pidiendo clemencia luego de tanta agitación.


En general, un gran festival: un cartel de lujo, la organización (aunque dejó algunas cosas que desear) bien lograda y el sonido perfecto
. El Monterrey Metal Fest tiene madera para convertirse en uno importante a nivel mundial: los organizadores (aunque pedantes) lograron juntar a bandas que jamás hubiéramos podido disfrutar juntas en México.


Lo peor, podríamos decir, fue la asistencia. En realidad muy poca gente. Por un lado es entendible: Monterrey está lejísimos y muchos metaleros viven en el centro del país. Pero por otro lado, es el único festival de esta envergadura en nuestro país. Más vale ahorrar para el 2007.


Después de más de 14 horas de metal, me cayó el veinte: estaba en Monterrey… "¿y ora, qué hago hasta el lunes?" Ja ja



j.Alfonso
Valencia B

23 novimebre 2006

10.15.2006

Ayer fui a un concierto... Stream of Passion y Anathema


Las cosas buenas de la vida se cuentan con las pocas manos que nos dio la evolución. Como adivinando que las adversidades serían muchas y los placeres pocos, el diseñador corporal nos dotó sólo de diez dedos: para no olvidar lo que, merecidamente, es inolvidable.

A mí este año se me andan acabando los dedos… Empecé con Evergrey, luego Jonas Hellborg con IA Ekhlund, después (dios volcado al piano) Chick Corea y ayer, ayer hubo oferta del destino: Arjen Anthony Lucassen y Anathema.

Justo cuando pensé que el shock de Stream of Passion sería insuperable: con esa cualidad tan propia y tan suya de provocarnos los más estelares viajes sin sustancias prohibidas, con ese virtuosismo y elegancia de los grandes hombres (Arjen, de facto, es grande), con esa magia implícita en lograr las estructuras imposibles para nuestra ubicación geográfica (o, ¿quién imaginó alguna vez escuchar en vivo “The Castle Hall”?)

Justo cuando el Circo Volador se encontraba de plano volando por un universo inexplorado que es la mente del gigante holandés, por cuestiones de tiempo tuvimos que forzar el aterrizaje para que de mis labios saliera un: a ver, inglesitos superen eso… (con todo y que los esperaba desde que tengo uso de razón musical).

Cinco minutos antes me cayó el veinte: Anathema estaba a punto de subir al escenario.

Los citados llegaron para plantar nuestros pies en la tierra. Nos bajaron en menos de dos acordes (de Shroud of False) de ese universo en el cual las estrellas se vuelven infinitas líneas de luz. Anathema se encargó de hacer fade out a la ilusión para dar paso a la inevitable realidad: somos seres mortales y jamás recorreremos el espacio… y peor: jamás entenderemos las canciones del océano.

Así pues, luego de haber recorrido durante más de una hora el cosmos, Vincent me recordó que por más que experimente felicidad, no serán más que destellos: soy infeliz. Y así, es como prácticamente me sorprendí una lágrima al escuchar Lost-Control y bueno, recordé tantas cosas perdidas y simplemente me dejé llevar a esa isla de paz temporal que construyeron con las justas notas musicales.

Una noche mágica. De lo mejor de mi vida, y créanme, eso es mucho decir. En una misma noche el músico que más admiro y la banda que más me llega. En una misma noche, en un momento la magnificencia de las estrellas y esa sensación de mágica levitación, y en otro la noche, simplemente la noche, esa noche que te obliga a volverte al cielo y sentir que, de verdad, las estrellas están muy, muy lejos.

j. Alfonso Valencia B.

6.04.2006

Ayer fui a un concierto... Festival de Jazz de México

Bebel Gilberto, Joshua Redman, McCoy Tyner
Lunes 29 de mayo 2006. Auditorio Nacional. D.F.


Realmente aquello fue un maratón. Un pasón en toda la extensión de la palabra. Alrededor de cuatro horas de jazz y ritmos para menear la cabeza…

Para vergüenza de nosotros como nación y para beneplácito de los jodidos que no tuvimos más de 180 pesos, el Auditorio estaba vacío y nos colocaron en unos lugares bastante decentes. Aún así se notaban los inmensos huecos…

La descendencia de Joao Gilberto, Bebel, abrió el concierto con una mezcla deliciosa de samba, bossa-nova, jazz y pop-electro. Perfecta mezcla para iniciar y preparar las orejas de los escuchas para la rudeza que seguía. Curiosa alineación (trío + vocal), no había bajo, pero sí un sax barítono que de repente slapeaba, me cae…

Sorprendente lo que ofreció Bebel Gilberto, ritmos candentes que hicieron mover las caderas de nuestros vecinitos de la fila de enfrente y que prácticamente no nos dejaron disfrutar de la entrega de la brasileña.

Tras una hora de bossa-pop-jazz, tocó el turno al heredero del bop de Sonny Rollins, el gran Joshua Redman, quien por cerca de una hora, improvisó a más no poder y demostró que cada vez se aleja más de esa vena neo-clásica (del jazz, obviamente) que le impedía que discos como “Freedom in the groove” cumplieran su cometido de mezclar tendencias modernas con el toque clásico del tenor.

Lo mejor del trío de Redman fue una rola “sin título” que yo llamaría: The dream of the camel that ate peyote… una rola realmente alucinante, basada en escalas arábigas y muchos cambios de ritmos… Joshua simplemente construyó un camello con notas musicales y nos llevó a pasear por la brillantez nocturna de la ciudad de los palacios. Un viajezote, os lo juro.

Luego, el final, el broche de oro (oro negro, obviamente) el abuelito McCoy Tyner salió al escenario y simplemente el concierto llegó a su clímax. Tyner ofreció primero una pieza en trio –con Charnett Muffet al bajo y Eric Kamau Gravatt a la batería-, y demostró que la improvisación no se trata de hacer mil notas por segundo ni mucho menos sacar técnicas escalofriantes del instrumento… Tyner llevó el término a otro nivel y logró, con éxito, la transformación de una simple figura musical en una escultura prodigiosa…

Luego saltó el resto del septeto, una impresionante sección de metales y alientos (Dave Liebman y Donald Harrison en los saxos, Wallace Roney en la trompeta y Steve Turre en el trombón)…

Y aunque habían anunciado un tributo a John Coltrane, sólo tocaron “Giant Steps” como encore. Pero eso no fue impedimento para que disfrutáramos al máximo del otrora pianista del cuarteto del dios del sax.

Algunos críticos escribieron en sus columnas que el concierto dejó mucho que desear, que si no fue un tributo a Coltrane, que si Tyner es un pianista mediocre, blah blah

Debo confesar que Tyner no es mi pianista favorito, pero su estilo personal merece todo el respeto, no sólo porque haya sido elegido de Coltrane… Tyner improvisa como nadie. Y aunque ya lleva más de 30 años en la escena, se brinda momentos para la experimentación y la exploración de nuevas tendencias. El viejito Tyner entiende la evolución del jazz y madura (más!) junto con el género.

Un concierto maratónico, cansado (pero a la buena)… triste ver el auditorio a la mitad de lleno, y luego, ver a la gente abandonar el recinto porque el metro cierra a las doce y media

Un concierto alucinante, sorprendente realmente. Tyner no devastó el piano como acostumbran los puristas del hard-bop, su lenguaje fue el de la forma, la estructura.

El sonido fue perfecto (menos al principio con Bebel), y realmente no pasó mucho tiempo entre grupo y grupo…

Lástima de la audiencia. Ojalá sigan viniendo jazzista de este calibre… no sólo jazz-bands de moda que “revolucionan el jazz”, olvidando que el género no es un asunto de individualismos, sino de creaciones colectivas, de sentimiento, de adivinarle el pensamiento al músico de al lado.

5.03.2006

Fotos de la Sayag

Pierre- Yves Le Jeune en pleno viaje...
(foto por java)

Laurent Meunier y sus máquinas para mover videos...

(Foto por java)


Excelente imagen...

Pierre y su contrabajo... (cortesía de kgv)

5.02.2006

Ayer fui a un concierto... Sayag Jazz Machine


Sayag Jazz Machine
Domingo 19 de marzo 2006. Auditorio Blas Galindo (CENART). D.F.

Máquina. (Del lat. machĭna, y este del gr. dórico μαχανά).
1. f. Artificio para aprovechar, dirigir o regular la acción de una fuerza.
2. f. Conjunto de aparatos combinados para recibir cierta forma de energía y transformarla en otra más adecuada, o para producir un efecto determinado.
3. f. Agregado de diversas partes ordenadas entre sí y dirigidas a la formación de un todo.
4. f. por antonom. Locomotora del tren.
5. f. tramoya (ǁ del teatro).
6. f. Traza, proyecto de pura imaginación.
7. f. Intervención de lo maravilloso o sobrenatural en cualquier fábula poética.
8. f. coloq. Edificio grande y suntuoso. La gran máquina de El Escorial.
9. f. coloq. Multitud y abundancia. Tengo una máquina de libros.
10. f. Cuba. coche (ǁ vehículo automóvil).
~ de vapor. 1. f. La que funciona por la fuerza expansiva del vapor de agua.
~ eléctrica. 1. f. Artificio destinado a producir electricidad o aprovecharla en usos industriales.
~ herramienta. 1. f. La que por procedimientos mecánicos hace funcionar una herramienta, sustituyendo el trabajo del operario.
~ hidráulica. 1. f. La que se mueve por la acción del agua. 2. f. La que sirve para elevar agua u otro líquido.
~ neumática. 1. f. Aparato para extraer de un espacio cerrado aire u otro gas.
a toda ~. 1. loc. adv. Muy deprisa.
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El Rincón anexa: Un tripzote.

Obscuridad total.
Parece que retrocedemos en el tiempo.
Vamos al tiempo de las primeras experimentaciones cinematográficas.
Pero no es un Tiempo, un Año, un Segundo que podamos nominar.

Llegamos a algún punto de El Espacio, un espacio sepia, gastado...
El lugar está, pero El Tiempo no existe más que para mover a los personajes a 24xSeg, para tirar algunas hojas de abedules y hacer navegar algunos botes...: Lo mismo El Tiempo mueve a dos enamorados por el bosque que baja al compás de un ritmo anacrónico la Luna a la Tierra...

Eso es la Sayag Jazz Machine.

Una verdadera máquina de improvisación.
Pura Anacromía. Anacromía.
El paroxismo de la experimentación, el goce máximo de la creación, de la CREAtividad.
Una dis-coquete. Videos alterados en vivo.Máquinas, scratches, saxos, contrabajo.Acordeón, flautas, luces, baile...

Eso es la Sayag Jazz Machine.

Pero la definición más correcta:sustancia psicotrópica que entra por los oidos y, si se administra in-vivo, por los ojos. Fábrica de las más realistas y sorprendentes alucinaciones pre-fabricadas...
Eso es. Un Viajezote.

Con dos discos en su haber (y uno de remixes con todo y devedé), Christophe (dj), Laurent (video), Charles (dj-scratch), Nicolas (saxos y flautas) y Pierre (contrabajo y acordeón), han logrado hacerse un nicho de culto en la escena europea del... hmmmmm... del... jazz, bossa, breakbeat, jungle, drum'bass...
Sonidos eclécticos, un universo lúdico-poético, electro-acústico visual.
El concierto se nos fue en bailar en el asiento. Y uno no sabía si había que ver los videos proyectados o a los músicos en su debraye.
Lo malo: el sonido, el equipo o no sé que rayos, el caso es que interrumpieron dos veces el recital porque la energía fallaba.
Se llevaron una buena impresión de nuestro país. Habían estado hacía dos días en El Tajín y el público en el Blas Galindo fue de el más heterogéneo de todos.
Ojalá regresen...
Y mucha Banda Rinconera viaje con ellos...

5.01.2006

Muéranse de envidia...

Chick es mi amigo
Y manda un saludo a toda la banda que escucha
El Rincón

3.30.2006

Ayer fui a un concierto... Jazz en Pachuca

3 Mother Funkers
Miércoles 15 de marzo 2006. Bar La Gruta. Pachuca, Hgo.


Astillero
Miércoles 22 de marzo 2006. Teatro de la Ciudad “San Francisco”. Pachuca, Hgo.



Mta…
no fueran Pastilla, Panda, Tolidos o División Minúscula.
No fueran “músicos” de 4 acordes y rolas “yoteamabaperometraicionasteporesoteodio”…
No fueran grupillos corrientes de moda porque hubiese estado atascado de fanáticos… strictu senso

Lo del concierto de los 3 Mother Funkers, excelentes funketeros (¿a poco?) de los Guadalajaras, fue una reverenda falta de respeto, seis musicazos que recordaron el sonido de Hancock, Benson, Donaldson, tocaron en un estilo de private-party para no más de 30 personas. El cover estuvo baratísimo y la neta, La Gruta (http://www.barlagruta.com) está bonita (ji ji)…
Era para que se atascara de banda… Está bien, a lo mejor no hubo la publicidad necesaria… pero aún así: el rumor estaba corrido y en las calles…

Lo de Astillero, leyendas del jazz nacional, igual fue una payasada: el San Francisco no estaba ni al 20% de su capacidad…

¿De qué se trata?

1- De traer puros grupos de pacotilla para jalar muchachitos borrachos

2- De plano matar la cuasi nula actividad jazzera del Rancho…

Los toquines antes referidos estuvieron geniales.
Los 3MF se divierten sobremanera en el escenario y ofrecen al público una mezcla bonita de funk, jazz, rock y mucho baile sensualón y ritmos para caminar con estilo… El baterista simplemente nos dejó anonadados: a los 14 años muchos de nosotros estábamos escuchando Gun’s and Roses y jurábamos que no había genio musical más que Kurt Cobain… pues Rafael Berrueta le pega duro y preciso a la bataca (y a una sencillita y carismática: bombo, tarola, contratiempos y un platillo, nada más) y sólo tiene catorce años… Aún no tiene novia, y ya anda de gira echando ritmos sexuales…

Lo de Astillero Jazz fue eso: Jazz de astillero (lugar donde hay mucho peso, densidad y se fabrican buques). Jazz pesado, denso, casi casi plastilina auditiva… Jazz para hombres musculosos (juar juar). El jazz de Astillero es ese del rebusque en la forma, de la complejidad armónica y la improvisación organizada: saxo, piano, bajo, batería.
Lo mejor de la noche: El jazz-prehispánico que se aventaron y el solo de violín de feria.

Astillero es una de las bandas con más trayectoria en la escena nacional. Recomendable, pero si lo que busca son armonías pegajosas y baterías guapachosas, o ritmos cadenciosos y muchas notas por segundo, busquen en otra parte. Astillero se ofrece para mentes abiertas y oídos tolerantes a la experimentación y fusión extremas…

Respecto a El Rincón, al jazz en Pachuca:

Yo lo dejo a su consideración… quieren formar parte de la generación RBD, sigan viendo Cantando por un Sueño

Si piensan que el mundo puede ser mejor, empiecen por lo que escuchan, no les digo: El Rincón es la neta… simplemente les comento: Existen otras opciones, la realidad no es simplemente la caja idiota, ni exa, ni radio lobo… El cuadrante es vasto, y en algunos de sus Rincones se cultivan cosas buenas…


(Ora que: Dios nos agarre confesados con la Ley Televisa)


en El Rincón ahora suena: (el segundo movimiento) Andante de la Sinfonía no. 2 en La Mayor, k 201, del maese Wolfgang Amadeus Mozart. En una versión de la Royal Philharmonic Orchestra dirigida por Sir Thomas Beechman, grabada el 9 de diciembre de 1958. En su 250 aniversario, Moz-Art suena como nunca en el estéreo de El Rincón. Hay de genios a genios y Ama-Deus está en la mera cima. Además, acá de verdad creemos que la música de Volfi nos hace más inteligentes… Escuchen y sientan la sinápsis…