10.26.2006

De las arcas de El Rincón...



Naked City


-Torture Garden

Shimmy Disc 1989







Ruidoso.

Violento.

Son cuatro locos de la síncopa echando a la sucia cama de un motel la música improvisada (más o menos por los terrenos del freejazz) y el más sucio y devastador metal, el grind.

¿El resultado?: Naked City.

John Zorn, un verdadero alquimista del saxofón, visionario y nuevo mesías de lo “in”. Papi de Mike Patton en eso de hacer cosas que resultan un golpe a las orejas porque jamás se puede poner de acuerdo uno con su propio cerebro en eso de descifrar: ¿qué estoy escuchando?

Zorn es responsable, entre otras maravillas, del maravilloso proyecto Masada. En el cual le da rienda suelta a su ascendencia Judía y a su loquérrima manera de escupirle al saxofón.

Pero Naked City es un proyecto orientado al grind. A finales de los ochentas se le metió la idea (que hizo que los puristas vomitaran) de que el metal extremo compartía características esenciales con el jazz y la música concreta, improvisada.

Para este súper proyecto, se hizo acompañar del maestro Bill Frisell a la guitarra, Joey Baron dándole, de una manera inusual para su estilo, a la batería, Fred Frith en el bajo, Wayne Horvitz en los eventuales teclados y las caóticas vocales del oriental Yamatsuka Eye.

Al más puro estilo del NAPALM Death de finales de los ochentas (Zorn es fanático de los padres del grind, al grado que jaló a su primer baterista para el violento proyecto Pain Killer), se trata de un álbum con muchas canciones muy cortas, que juntas parecen formar una enorme de más de 30 minutos. Títulos como Thrash Jazz Assasin, Torture Garden, The Way of Pain, nos sugieren lo evidente: violencia, ruido y un saxofón que “grita” y escupe notas vertiginosa y aleatoriamente.

Aunque a algunos (no acostumbrados a la estridencia) podría desesperarles al track 3 (es decir, tres minutos luego de haber pulsado el play), para los que están más o menos inmersos en el mundo del metal (o del jazz experimental) resultará un proyecto interesante y muy sustancioso.

Muchos cambios de ritmo, crestas y llanos calculados fríamente y una ejecución simplemente impresionante, aunque los oídos superficiales argumenten que para “hacer ruido basta querer hacerlo”… je, sin comentarios.

Este intento explícito de Zorn por emparentar dos géneros aparentemente distintos desde lo habitual (el caos y la suciedad del grind y lo culto y complicado del jazz), es el génesis de sus ruidosos experimentos posteriores en la Electric Masada y esa “necedad” por la distorsión y los… sí, gritos.

Los puristas del jazz, como a Ornette Coleman al principio de los tiempos, simplemente le niegan el saludo a Zorn cuando quiere hacerse el metalero. Y en algo tienen razón, pues se enfrentan a uno de los músicos más complicados de la historia.

Y en todo caso, Zorn les contesta, (como Coleman al afirmar con notas proféticas: this is the sound of the jazz to come), con los títulos de dos tracks que bien podrían representar el dogma de su trabajo y su alejamiento del “qué dirán”: Perfume of a critics burning flesh / Jazz Snob Eat Shit.

Ja.

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